miércoles, 23 de julio de 2008

Mi experiencia en Ho-Chi-Min

La sopa está tibia. Me cuesta divisar al pollo dentro del caldo. Revuelvo con la zurda y me pregunto si realmente será de pollo este consomé.
-No-, me grita un mozo.
-Es de palta, arroz polaco y cuscús-.
- Hay que ser boludo para confundir la sopa badulaki con caldo de pollo-, se retira el mozo sonriendo con los dientes asomados. El maître le da a entender al maleducado camarero que ha entendido su ironía, masajeándose los huevos mientras silba una tramontina.
Lo miro de revés. Escupo un hueso y le espeto: Forro.
-Cambio de mozo!!!- grito de repente, ensimismado y arrojando sopa badulaki por todo el salón.
-Está pendo por ley-, me dice el maître, que no ha dejado de amasarse la entrepierna ni por un segundo. -Esto es Okinawa- Me rechinó.
-Entonces me voy a la mierda- le dije en un claro tailandés tántrico, que me salió medio malayo.
-Bueno, me dijo él.
Salgo gateando de la taberna, evidenciando mi descontento. Cuando voy por la mitad de la calle, me pisa un camión.

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